Pequeños paraísos de la Costa Bonaerense

Con sus 1.200 kilómetros de playa, la costa de la provincia de Buenos Aires es […]

Con sus 1.200 kilómetros de playa, la costa de la provincia de Buenos Aires es uno de los destinos más elegidos por los argentinos para disfrutar de las vacaciones de verano. Es la meta más cercana y comienza a poblarse con los primeros calores primaverales, para vivir el momento de apogeo durante enero y principios de febrero. Así como destacan los grandes centros balnearios como Mar del Plata, Pinamar, Villa Gesell y San Bernardo, entre otros, también surgen otras localidades que van ganando adeptos que, en su mayoría, buscan playas tranquilas que recuerden el espíritu que tenía la costa bonaerense hace unas cuantas décadas.


La villa balnearia de Mar del Sur, en el partido de General Alvarado, es uno de estos destinos que se destacan por la tranquilidad de sus playas y un paisaje agreste que invita a los turistas a disfrutar de unas vacaciones alejadas de la vorágine de la rutina. Ubicada a 465 kilómetros de Capital Federal, y a 17 de Miramar, esta pequeña localidad del Atlántico posee atractivos naturales que despiertan la curiosidad de los visitantes.

Mejillones

La playa «Rocas Negras» debe su nombre a las rocas con coloración oscura, ya que tienen mejillones incrustados, que se aprecian cuando desciende la marea.

La zona rocosa es una continuidad del sistema de Tandilia que se sumerge en el mar, formando un espigón natural, donde en las «ollas» que se forman pueden hallarse hipocampos, cangrejos y moluscos. Es un sitio ideal para una buena pesca al igual que el balneario «El Remanso».

En Mar del Sur, los turistas podrán visitar el viejo «Boulevard Atlantic Hotel» que data de 1880, y que fue derruido por el avance de los médanos. Otra de los lugares emblemáticos es la «Casa de los caracoles», cuyo dueño comenzó a construirla, caracol por caracol, en 1984 y finalizó en 1996.

Costa del Este y un millón de pinos

Conocida como la Playa del Millón de Pinos, Costa del Este, en el partido de La Costa, es otro de estos pequeños paraísos que la provincia de Buenos Aires posee a orillas del océano Atlántico.


Los turistas pueden realizar allí apacibles caminatas por las callecitas cubiertas de frondosos árboles, entre los que se filtra la calidez del sol y se respira una suave brisa de mar. Allí sólo se oye el cantar de los pájaros y el sonido del viento.

Inmensos pinos y casas pintorescas componen una imagen de ensueño, ideal para una estadía de placer y tranquilidad lejos de la vertiginosa urbanidad.

Costa del Este se ubica en el kilómetro 333 de la Ruta Provincial 11. Los turistas suelen disfrutar de cabalgatas diurnas y nocturnas por los médanos, o realizar recorridos en bicicletas, especialmente, en el bosque La Reserva que tiene una senda destinada a esta actividad deportiva.

En cuanto al alojamiento, lo usual es aprovechar la amplia gama de hoteles, aparts, hosterías y cabañas.

Ostende

Con más fama que Mar del Sur y Costa del Este, la villa balnearia de Ostende, en el partido de Pinamar, ubicada en el kilómetro 382 de la Ruta 11, se destaca por la inmensidad de sus médanos, su vegetación agreste y, sobre todo, la tranquilidad del ambiente.

Esta localidad balnearia fue el proyecto de dos belgas, Fernando Robette y Agustín Poli, que buscaron erigir una ciudad melliza a la que se localiza en Bélgica. Las tierras pertenecieron a la familia de Felicitas Guerrero que fueron vendidas a estos extranjeros.

El viejo hotel Ostende, construido en 1913, que se encuentra en la esquina de Biarritz y Cairo, todavía mantiene su fachada original. Actualmente recibe turistas, a quienes se les da la opción de alojarse en una habitación remodelada o en aquellas que aún conservan sus características originales. Según cuenta la leyenda este sitio albergó a personalidades emblemáticas como Saint-Exupéry, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares.

 

Claromecó

La localidad de Claromecó también puede integrar esta lista de playas alternativas. Ubicada a 561 kilómetros de la Capital Federal, en el partido de Tres Arroyos, incluye a la pintoresca villa residencial de Dunamar, ubicada al otro lado del arroyo Claromecó, con una frondosa vegetación de eucaliptos, álamos, pinos y tamariscos, que fueron plantados allí, luego de una intensa tarea de fijación de médanos, llevada a cabo por Ernesto Gesell, hermano de Carlos, el fundador de Villa Gesell.

Allí también se puede visitar el cementerio natural de caracoles, donde se encuentran numerosas piezas de diferentes tamaños y formas. Aquí se llega luego de una apacible caminata por la orilla del mar.

Por su parte, el arroyo que dio nombre a esta ciudad ofrece un paisaje evocador: 4 kilómetros antes de desembocar en las aguas del Atlántico, siete cascadas despliegan todo su encanto natural.

A su vez, el faro ubicado a 2 kilómetros de Claromecó constituye el principal símbolo de esta localidad. Posee 54 metros de altura, se ubica a 12 metros sobre el nivel del mar y se trata del segundo faro más alto de Sudamérica.

Balneario Marisol

Desde su punto máximo se obtiene una vista panorámica de excelencia de la villa balnearia, del Atlántico y de la Estación Forestal. En la base se encuentran los restos óseos de una ballena hallada en sus costas en 1991, convirtiéndose en el único esqueleto de estos cetáceos expuestos en la Argentina.

Marisol, en el partido de Coronel Dorrego, a 92 kilómetros de la ciudad de Tres Arroyos, es otro poblado marítimo que se destaca. Posee 47 kilómetros de playas casi vírgenes, surcadas por un cordón de médanos, con flora y fauna autóctonas que invita a fotógrafos aficionados a capturar imágenes propias de una postal.

En las costas de Marisol, el río Quequén Salado vierte sus aguas en el océano Atlántico, convirtiéndose en un destino preciado para los pescadores donde pueden obtener importantes piezas de pejerreyes, corvinas, pescadillas, lisas, cazones, tiburones y lenguados.

Fuente: www.ambito.com

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